79 historias de la Biblia para niños.
Dios hizo el cielo, la tierra, las plantas, los arboles, las frutas, los animales, y a las personas.
Noé obedeció a Dios y su familia y los animales se salvaron.
Abraham confió en Dios y salió hacia una tierra desconocida.
José perdonó a sus hermanos y Dios usó su sufrimiento para salvar a muchos.
Dios abrió el mar para que su pueblo pasara a salvo.
Dios dio reglas buenas para vivir amando a Dios y a los demás.
Las murallas cayeron cuando el pueblo escuchó y obedeció a Dios con valentía.
Un pastorcito venció al gigante confiando en Dios.
Daniel siguió orando y Dios cerró la boca de los leones.
Jonás huyó, Dios lo rescató y le dio una segunda oportunidad.
Jesús nació en Belén y los ángeles anunciaron la buena noticia.
Jesús habló al viento y todo quedó en calma.
Un hombre ayudó a un desconocido herido en el camino.
El pastor busca a la oveja que se perdió hasta encontrarla.
Jesús abrazó a los niños y los bendijo.
La tumba quedó vacía: Jesús vive.
Adán y Eva vivían felices en el Edén, pero comieron del fruto prohibido y tuvieron que salir del jardín.
Dos hermanos mellizos muy distintos: Esaú cambió su primogenitura por un plato de lentejas.
Jacob se disfrazó de su hermano para recibir la bendición de su padre Isaac y tuvo que huir.
Jacob trabajó catorce años por amor a Raquel y aprendió lo que se siente al ser engañado.
De los doce hijos de Jacob nacieron las doce tribus del pueblo de Israel.
Jacob luchó toda la noche y no soltó al ángel hasta ser bendecido; allí recibió el nombre de Israel.
Un bebé escondido en una cesta en el río Nilo fue salvado y criado en el palacio del faraón.
Dios habló a Moisés desde una zarza que ardía y no se consumía, y lo envió a liberar a su pueblo.
Dios envió diez señales sobre Egipto hasta que el faraón dejó salir al pueblo hebreo.
Doce hombres exploraron Canaán: diez vieron gigantes y dos, Josué y Caleb, vieron a Dios.
Dios guio a su pueblo por el desierto con una nube de día y una columna de fuego de noche.
Maná del cielo, codornices y agua de la roca: Dios cuidó a su pueblo cada día.
Dios eligió a Aarón y a sus hijos como sacerdotes, y lo confirmó con una vara que floreció.
Tras la muerte de Moisés, Josué guio al pueblo al cruzar el Jordán y conquistar Jericó.
El hombre más fuerte de Israel perdió su fuerza por descuidar su promesa, y Dios le dio una última victoria.
Con solo 300 hombres, cántaros y antorchas, Dios dio la victoria a Gedeón.
Débora, profetisa y jueza, guio a Israel con sabiduría y dio la victoria junto a Barac.
Ana oró con lágrimas pidiendo un hijo, y Dios le dio a Samuel, que aprendió a escuchar su voz.
El pueblo pidió un rey como las demás naciones y Samuel ungió a Saúl.
Con un rey y una victoria común, las tribus se unieron en un solo pueblo.
Saúl desobedeció a Dios y buscó excusas; por eso perdió el reino.
Antes de ser rey, David cuidaba ovejas, cantaba a Dios y aprendía a ser valiente.
Dios no mira la apariencia: eligió al hermano menor, que estaba con las ovejas.
Saúl tuvo celos de David y lo persiguió, pero David eligió no devolver mal por mal.
Saúl murió en batalla y David, tras años de espera, fue proclamado rey de todo Israel.
Salomón pidió sabiduría en vez de riquezas, y Dios le dio las dos cosas.
Tras la muerte de Salomón, el reino se partió: Israel al norte y Judá al sur.
Unos reyes hicieron lo recto delante de Dios y otros no; sus decisiones marcaron al pueblo.
Los cuervos lo alimentaron, el aceite no se acabó y bajó fuego del cielo en el Carmelo.
Eliseo pidió el doble del espíritu de Elías y Dios lo usó para muchos milagros.
Isaías vio la gloria de Dios y anunció, siglos antes, el nacimiento de Jesús.
Israel no escuchó a los profetas y Asiria se llevó cautivo al reino del norte.
Jeremías lloró por su pueblo y siguió hablando de parte de Dios aunque nadie lo escuchara.
Ezequiel vio ruedas de fuego y un valle de huesos secos que volvieron a vivir.
El reino del sur también cayó: el Templo fue destruido y el pueblo llevado a Babilonia.
Daniel y sus amigos decidieron no contaminarse y Dios los hizo destacar.
Dios reveló a Daniel el sueño de la gran estatua y humilló el orgullo del rey.
Sadrac, Mesac y Abed-nego no se arrodillaron ante la estatua y Dios los guardó en el fuego.
Una joven judía llegó a ser reina y arriesgó su vida para salvar a su pueblo.
Cuatro profetas con libros largos que anunciaron juicio, consuelo y la venida del Salvador.
Doce libros cortos con mensajes enormes: justicia, misericordia y esperanza.
Pedro pescó toda la noche sin lograr nada, hasta que Jesús le dijo dónde echar la red.
Jesús oró toda la noche y después llamó a doce amigos para que estuvieran con Él.
Jesús sanó enfermos, abrió ojos ciegos y mostró con señales quién era de verdad.
Un maestro importante visitó a Jesús de noche y escuchó la frase más famosa de la Biblia.
Un hombre bajito se subió a un árbol para ver a Jesús, y Jesús se invitó a su casa.
En el Sermón del Monte Jesús enseñó cómo se vive en el Reino de Dios.
En una boda se acabó la bebida y Jesús convirtió el agua en el mejor vino.
La misma semilla cae en cuatro terrenos distintos y solo uno da fruto.
Un rico que banqueteaba cada día y un pobre a su puerta: Jesús cuenta cómo termina la historia.
Un hijo se marchó y lo perdió todo; su padre le esperaba cada día en el camino.
Junto a un pozo, Jesús habló con la mujer con la que nadie hablaba y le ofreció agua viva.
Un padre desesperado pidió ayuda a Jesús y Jesús llegó cuando ya parecía tarde.
Con la merienda de un niño, Jesús dio de comer a miles de personas.
Lázaro llevaba cuatro días muerto y Jesús le llamó por su nombre desde fuera del sepulcro.
Jesús eligió entregarse en la cruz por amor, y desde allí perdonó.
Caín y Abel eran hermanos. Abel cuidaba ovejas y Caín cultivaba la tierra, pero Caín se enojó por celos y no cuidó a su hermano.
Las personas quisieron construir una torre gigantesca para hacerse famosas, pero Dios confundió sus idiomas para que aprendieran a ser humildes y poblaran toda la tierra.
Dios le pidió a Moisés construir una casa especial llamada Tabernáculo para poder vivir cerca de su pueblo mientras viajaban por el desierto.
Dios le pidió a Moisés construir un cofre especial de madera recubierto de oro para guardar las tablas de la ley y recordar que su presencia siempre acompañaba a su pueblo.
El rey Salomón construyó una casa hermosa y especial para adorar a Dios, llena de oro, maderas finas y mucha alegría.
Nehemías se puso triste al saber que su ciudad no tenía muros. Con la ayuda de Dios y de su pueblo, trabajaron juntos y reconstruyeron la ciudad en tiempo récord.
El Espíritu Santo bajó del cielo como un viento fuerte y lenguas de fuego sobre los amigos de Jesús, dándoles valor para hablar de Dios en muchos idiomas.