Gedeón estaba escondido trillando trigo porque tenía miedo de los madianitas.
Un ángel le dijo: «¡Valiente guerrero, Dios está contigo!». Gedeón preguntó: «¿Yo? Soy el más pequeño de mi familia».
Dios juntó un ejército, pero dijo: «Son demasiados». Al final quedaron solo 300 hombres.
Cada uno llevaba una trompeta y un cántaro con una antorcha dentro. Los rompieron, gritaron y los enemigos huyeron. ¡Dios ganó la batalla!
«Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.»
Dios ve en nosotros lo que aún no vemos. No necesita ejércitos grandes ni personas perfectas: necesita gente dispuesta que le dé a Él toda la gloria.