Adán y Eva vivían en un jardín precioso llamado Edén.
Había frutas de muchos colores, ríos de agua limpia y animales mansos. Dios les dijo: «Pueden comer de todos los árboles, menos de uno».
Un día, una serpiente astuta le dijo a Eva: «¡Come, no pasará nada!». Eva comió y también le dio a Adán.
Entonces sintieron miedo y se escondieron. Dios los buscó y les dijo que tenían que salir del jardín. Pero Dios los siguió amando y les hizo ropa para cuidarlos.
«Por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores, y por la obediencia de uno muchos serán hechos justos.»
Dios nos da libertad, pero también límites que nos protegen. Desobedecer trae consecuencias tristes; aun así, Dios no dejó de amar a Adán y Eva y prometió un Salvador. Cuando nos equivocamos, podemos correr a Dios y pedirle perdón.