Lázaro era amigo de Jesús. Vivía con sus hermanas Marta y María.
Lázaro se puso muy malito y murió. Sus hermanas estaban muy tristes.
Cuando Jesús llegó, también lloró con ellas.
Se puso delante de la tumba y gritó: «¡Lázaro, ven fuera!». ¡Y Lázaro salió vivo! Todos se quedaron con la boca abierta.
«Yo soy la resurrección y la vida.»
Jesús llora con nosotros antes de secar nuestras lágrimas. Su poder llega incluso donde ya no queda esperanza.