Hubo una gran batalla en el monte Gilboa y allí murieron el rey Saúl y su hijo Jonatán.
David se puso muy triste y lloró por su amigo. No se alegró aunque Saúl lo había perseguido.
Después, todas las tribus vinieron a David y le dijeron: «Tú eres nuestro rey».
David tenía treinta años. Conquistó la ciudad de Jerusalén y la hizo la capital. ¡Dios cumplió su promesa!
«Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón.»
Dios cumple lo que promete, aunque tarde. David esperó unos quince años desde su unción hasta su corona, y no forzó su camino.