Los filisteos vencieron a Israel en el monte Gilboa. Allí cayeron los hijos de Saúl, entre ellos Jonatán, y el propio Saúl murió herido. Los hombres de Jabes de Galaad, que él había salvado años antes, recuperaron su cuerpo con honor.
David no celebró. Compuso un lamento llamado «el cántico del arco»: «¡Cómo han caído los valientes!... Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán».
Primero reinó siete años y medio en Hebrón sobre Judá, mientras Is-boset, hijo de Saúl, reinaba sobre el resto. Tras años de conflicto, todas las tribus vinieron a Hebrón: «Somos hueso tuyo y carne tuya». David hizo pacto con ellos y fue ungido rey sobre todo Israel a los treinta años.
Conquistó la fortaleza de Sion, la llamó Ciudad de David, y llevó allí el arca con danzas y alabanza. Reinó cuarenta años, «y David iba adelantando y engrandeciéndose, y Jehová Dios de los ejércitos estaba con él».
«Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón.»
Dios cumple lo que promete, aunque tarde. David esperó unos quince años desde su unción hasta su corona, y no forzó su camino.