Ezequiel vivía lejos de su tierra, en Babilonia, y Dios le mostraba visiones muy especiales.
Una vez vio unas ruedas grandes de fuego y la gloria de Dios brillando.
Otra vez Dios lo llevó a un valle lleno de huesos secos y le preguntó: «¿Podrán vivir estos huesos?».
Ezequiel habló de parte de Dios y los huesos se juntaron, les salió carne y volvieron a vivir. ¡Dios da vida nueva!
«Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.»
Nada está tan seco que Dios no pueda darle vida otra vez. Él cambia corazones de piedra por corazones que sienten y aman.