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🦴 Ezequiel, el hombre de visiones

Ezequiel 1; 37
4 a 7 años 8 a 12 años

Ezequiel era sacerdote y fue deportado a Babilonia en la segunda oleada. Junto al río Quebar «los cielos se abrieron y vi visiones de Dios»: seres vivientes con cuatro rostros, ruedas dentro de ruedas llenas de ojos y, sobre todo, «la apariencia de la gloria de Jehová». Cayó sobre su rostro.

Su ministerio fue muy visual: comió un rollo que le supo dulce, dibujó el asedio de Jerusalén en un adobe, se acostó sobre un lado durante días, cortó su cabello como señal. Dios lo llamó «atalaya» de la casa de Israel, responsable de advertir.

La visión más famosa es el valle de huesos secos. «Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?». Ezequiel respondió con prudencia: «Señor Jehová, tú lo sabes». Profetizó y hubo un estruendo: los huesos se juntaron, salieron tendones, carne y piel, y al soplar el espíritu se levantaron «un ejército grande en extremo».

El mensaje era para un pueblo que decía: «se secaron nuestros huesos, se perdió nuestra esperanza». Dios prometía restaurarlos, darles un corazón de carne en vez de piedra y su Espíritu dentro.

Versículo

«Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.»

Ezequiel 36:26

Enseñanza

Nada está tan seco que Dios no pueda darle vida otra vez. Él cambia corazones de piedra por corazones que sienten y aman.

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