Los amigos de Jesús estaban juntos en una casa.
De repente, ¡se escuchó un viento muy fuerte! RUUU.
Aparecieron sobre sus cabezas unas lucecitas parecidas a lenguas de fuego que no quemaban. ¡Era el Espíritu Santo!
Todos se llenaron de alegría y empezaron a hablar en otros idiomas. Salieron a la calle y le contaron a muchísima gente lo maravilloso que es Dios.
«Todos fueron llenos del Espíritu Santo.»
Jesús cumple siempre sus promesas y no nos deja solos. El Espíritu Santo vive en nuestro corazón para darnos fuerza, paz y valentía para compartir el amor de Dios con todos los demás.