Cincuenta días después de la Pascua, en el día de Pentecostés, los discípulos estaban reunidos en el mismo lugar.
De repente, vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa. Se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron y se asentaron sobre cada uno de ellos.
Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen. Había en Jerusalén personas de muchos países que se sorprendieron al escuchar a los apóstoles hablar en sus propios idiomas nativos.
Pedro se levantó con valentía y les predicó sobre la resurrección de Jesús. Ese día, unas tres mil personas creyeron en Dios y se bautizaron.
«Todos fueron llenos del Espíritu Santo.»
Jesús cumple siempre sus promesas y no nos deja solos. El Espíritu Santo vive en nuestro corazón para darnos fuerza, paz y valentía para compartir el amor de Dios con todos los demás.