Sans贸n fue un juez de Israel muy, muy fuerte. Pod铆a vencer a un le贸n 茅l solo.
Dios le dijo que nunca se cortara el pelo, porque era la se帽al de su promesa.
Una mujer llamada Dalila le pregunt贸 muchas veces cu谩l era su secreto. Sans贸n se lo cont贸, le cortaron el pelo y perdi贸 su fuerza.
Sus enemigos lo hicieron prisionero. Sans贸n or贸 a Dios y, con su 煤ltima fuerza, gan贸 la batalla final.
«Acu茅rdate ahora de m铆, y fortal茅ceme, te ruego, solamente esta vez.»
La fuerza de Sans贸n no estaba en su pelo, sino en su relaci贸n con Dios. Los dones sin obediencia se pierden; pero Dios escucha al que se arrepiente, incluso al final.