En la Biblia hay unos libros que se llaman «profetas mayores». Se llaman así porque son libros largos, no porque los profetas fueran más importantes.
Son cuatro: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.
Isaías anunció que nacería Jesús. Jeremías lloró por su ciudad. Ezequiel vio huesos que volvieron a vivir. Daniel fue valiente en Babilonia.
Todos decían lo mismo: «Volved a Dios, Él os ama».
«Porque no hará nada Jehová... sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.»
Dios nunca deja a su pueblo sin voz que le hable. Los profetas no adivinaban el futuro por curiosidad: llamaban a volver a Dios y sostenían la esperanza.