José tenía una túnica de muchos colores y sus hermanos sintieron envidia. Lo vendieron y José acabó lejos, en Egipto. Pero Dios estuvo con él. José entendía los sueños y ayudó al rey a guardar mucha comida. Cuando llegó el hambre, sus hermanos vinieron a pedir pan. José los abrazó y les dijo: «Os perdono». ¡Toda la familia volvió a estar junta!
«Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.»
Dios puede transformar en bien aquello que otros hicieron con maldad. Perdonar libera nuestro corazón.