José era el hijo preferido de Jacob y sus hermanos lo odiaban por sus sueños y por su túnica especial. Lo vendieron como esclavo a mercaderes madianitas que lo llevaron a Egipto. Allí sirvió a Potifar, un oficial del Faraón. Fue acusado injustamente y encarcelado. En la cárcel interpretó sueños. 12 años después de haber llegado a Egipto, Faraón tuvo un sueño terrorífico que nadie era capaz de decirle que significaba. Pero nuestro Dios tenía reservado esta ocasión para José para que toda la humanidad se salvara de la hambruna que vendría en los siguientes años.
Los sueño del faraón eran dos:
El primero: siete vacas hermosas y gordas salieron del río, pero llegaron siete vacas muy flacas y se las comieron.
El segundo: Siete espigas grandes y hermosas crecieron juntas, pero luego llegaron siete espigas secas y las tragaron.
Finalmente, José le explicó el sueño al faraón: siete años de abundancia y siete de hambre. El faraón lo nombró gobernador. Cuando el hambre llegó, sus hermanos viajaron a Egipto sin reconocerlo. José se dio a conocer llorando y les dijo: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para salvar mucha gente».
«Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.»
Dios puede transformar en bien aquello que otros hicieron con maldad. Perdonar libera nuestro corazón.