El rey hizo una estatua de oro gigante y dijo: «Cuando suene la música, todos se arrodillan».
Pero Sadrac, Mesac y Abed-nego dijeron: «Nosotros solo adoramos a Dios».
El rey se enfadó mucho y los echó a un horno de fuego muy caliente.
Entonces miró y vio ¡cuatro personas caminando en el fuego! Dios estaba con ellos. Salieron sin quemarse y ni siquiera olían a humo.
«Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses.»
La fe verdadera no depende de que Dios nos libre: confía en Él pase lo que pase. Y aun en el fuego, Dios está con nosotros.