El rey Salomón quería hacer un lugar muy especial para Dios.
Con la ayuda de muchas personas, usó maderas de árboles gigantes y mucho oro brillante. Construyeron una casa enorme y hermosa llamada el Templo.
Cuando terminaron, la gente cantó, tocó trompetas y le dio las gracias a Dios.
Dios llenó el templo con una nube grande para mostrar que estaba muy feliz allí.
«Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.»
Dios merece lo mejor de nuestro corazón. El templo no era solo un edificio bonito, sino un lugar para encontrarse con Dios. Hoy en día, Dios habita en nuestros corazones cuando le amamos y le seguimos.