En Egipto había un rey malo que quería hacer daño a los bebés hebreos.
Una mamá escondió a su bebé tres meses. Después hizo una cestita, la untó con brea para que flotara y puso al bebé entre las plantas del río.
Su hermana María se quedó mirando. La hija del faraón fue a bañarse, vio la cesta y dijo: «¡Es un niño hebreo!».
Lo adoptó y lo llamó Moisés. ¡Y su propia mamá pudo cuidarlo! Dios protegió a ese bebé.
«Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres... y no temieron el decreto del rey.»
Dios cuida de los más pequeños y tiene planes desde antes de que nazcamos. Cuando los padres de Moisés confiaron en Dios, Él convirtió una cesta en un barco de rescate.