El rey Nabucodonosor tuvo un sueño raro y nadie sabía explicarlo.
Daniel oró con sus amigos y Dios le contó el sueño: una estatua enorme de oro, plata, bronce, hierro y barro. Una piedra la golpeó y se hizo una montaña muy grande.
Daniel explicó: «Los reinos pasan, pero el reino de Dios dura para siempre».
Después el rey se puso muy orgulloso y Dios le enseñó humildad. Al final dijo: «El Dios del cielo es el verdadero Rey».
«El Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido.»
Dios conoce el futuro y gobierna la historia. Los imperios pasan; su reino permanece. Y el orgullo, tarde o temprano, se cae solo.