Jesús estaba cansado y se sentó junto a un pozo.
Llegó una mujer a sacar agua y Jesús le pidió de beber. ¡Ella se sorprendió mucho, porque nadie le hablaba!
Jesús le dijo: «Yo tengo un agua especial; quien la bebe nunca más tiene sed».
La mujer se puso tan contenta que corrió al pueblo a contárselo a todos.
«El agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.»
Jesús rompe las barreras que separan a las personas y ofrece algo que ninguna cosa de este mundo puede dar.