Un pastor tenía cien ovejas. Una se perdió. El pastor dejó a las noventa y nueve y fue a buscarla por montes y valles. Cuando la encontró, la puso sobre sus hombros muy contento y llamó a sus amigos: «¡Alegraos conmigo, encontré a mi oveja!». Así te busca Dios a ti.
«Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.»
Dios te busca personalmente. Para Él nadie es un número: eres importante y único.