Pedro y sus amigos pescaron toda la noche. ¡No sacaron ni un pececito!
Por la mañana llegó Jesús y les dijo: «Echad la red otra vez». Pedro dijo: «Está bien, porque tú lo dices».
¡Y la red se llenó de peces! Eran tantos que la barca casi se hundía.
Jesús les dijo: «Venid conmigo». Y ellos dejaron todo para seguirle.
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Cuando obedecemos a Jesús aunque no entendamos, Él hace cosas que nosotros no podríamos hacer solos.