Junto al lago de Genesaret la gente se apretaba para escuchar a Jesús. Él subió a la barca de Simón Pedro y enseñó desde allí, con el agua haciendo de altavoz.
Al terminar le dijo a Pedro: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Pedro era pescador profesional y sabía que de día, en aguas profundas, no se pesca. Además llevaba toda la noche trabajando sin resultado. Aun así respondió: «Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red».
La pesca fue tan grande que las redes se rompían y tuvieron que llamar a la otra barca; las dos casi se hundían. Pedro cayó de rodillas: «Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador». No presumió del éxito: reconoció quién era Jesús.
Jesús no lo apartó. Le dijo: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Pedro, Santiago y Juan dejaron las barcas y le siguieron.
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Cuando obedecemos a Jesús aunque no entendamos, Él hace cosas que nosotros no podríamos hacer solos.