Isaac y Rebeca tuvieron dos bebés a la vez: Esaú y Jacob.
Esaú nació primero, era pelirrojo y peludo y le gustaba cazar. Jacob era tranquilo y se quedaba en las tiendas.
Un día Esaú volvió del campo con muchísima hambre. Jacob estaba cocinando un guiso rojo de lentejas. «¡Dame de eso!», dijo Esaú. Jacob le contestó: «Primero dame tu derecho de hijo mayor».
Esaú dijo que sí, sin pensarlo. Se comió el plato y perdió algo muy valioso.
«Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios.»
Lo que Dios nos da vale muchísimo más que un capricho de un momento. Esaú cambió algo eterno por algo que se acaba enseguida. Aprendemos a pensar antes de decidir y a valorar las bendiciones de Dios.