Dios envió a Samuel a la casa de Isaí, en Belén: «Allí hay un nuevo rey».
Pasó el hijo mayor, muy alto y guapo. Samuel pensó: «¡Es este!». Pero Dios dijo: «No. Yo miro el corazón».
Pasaron siete hijos y ninguno era.
«¿No hay más?», preguntó Samuel. «Falta el pequeño, está con las ovejas». Trajeron a David y Dios dijo: «Este es». Samuel derramó aceite sobre su cabeza.
«El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.»
Dios no elige por altura, edad o popularidad. Mira el corazón. Nadie es «demasiado pequeño» para los planes de Dios.