Después de vencer a Goliat, la gente cantaba: «¡David es un héroe!». Al rey Saúl no le gustó nada y se puso celoso.
Saúl empezó a perseguir a David, y David tuvo que esconderse en cuevas y montes.
Su amigo Jonatán, el hijo del rey, lo ayudaba y lo protegía.
Un día David encontró a Saúl dormido en una cueva y pudo hacerle daño, pero no quiso. Dijo: «Yo no le haré mal». ¡David fue muy bueno!
«No paguéis a nadie mal por mal.»
Los celos amargan el corazón. David nos enseña a esperar el tiempo de Dios y a tratar bien incluso a quien nos trata mal.