Después de la división hubo muchos reyes. Algunos amaban a Dios y otros no.
El rey Ezequías quitó los ídolos y oró cuando llegó un ejército enorme; Dios lo ayudó.
El rey Josías era muy joven cuando encontraron un libro perdido: ¡la Palabra de Dios! La leyó y lloró, y quiso que todos la obedecieran.
Otros reyes, como Acab, hicieron cosas malas. Cada uno elige a quién sigue.
«Hizo lo recto ante los ojos de Jehová.»
Cada persona elige a quién sigue. Ezequías y Josías cambiaron la historia de su pueblo por decidir volver a Dios, aunque venían de familias que no lo hacían.