Un sembrador salió a sembrar semillas.
Unas cayeron en el camino y vinieron los pájaros a comérselas. Otras cayeron entre piedras y se secaron con el sol. Otras cayeron entre espinos y no pudieron crecer.
Pero otras cayeron en tierra buena y dieron muchísimo fruto.
Jesús dijo: la semilla es la Palabra de Dios y la tierra es nuestro corazón.
«Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra.»
La palabra de Dios siempre es buena; lo que cambia es el corazón que la recibe. Podemos cuidar nuestra tierra.