Mucha gente siguió a Jesús hasta el monte y se hizo tarde. ¡Todos tenían hambre!
Un niño tenía cinco panes y dos peces. Se los dio a Jesús.
Jesús dio gracias a Dios y empezó a repartir... ¡y había comida para todos!
Comieron más de cinco mil personas y aún sobraron doce cestas llenas.
«Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos.»
Lo poco que ponemos en las manos de Jesús se multiplica. Nadie es demasiado pequeño para ayudar.