Jesús iba de pueblo en pueblo haciendo el bien.
Tocaba a los enfermos y se ponían sanos. Los ciegos volvían a ver. Los que no podían andar, ¡se levantaban y saltaban!
También hacía cosas asombrosas: caminó sobre el agua y mandó callar al viento.
Hacía todo eso porque nos quiere mucho.
«Y recorría Jesús toda Galilea, enseñando... y sanando toda enfermedad.»
Los milagros de Jesús no eran espectáculo: eran señales de su amor y pistas de que el Reino de Dios había llegado.