Jacob tuvo doce hijos y una hija.
Se llamaban Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín.
Cada uno era diferente: unos cuidaban ovejas, otros trabajaban la tierra. A veces se peleaban, como pasa con los hermanos.
De estos doce hijos nació el pueblo de Israel. Dios los cuidó a todos, ¡y también nos cuida a nosotros!
«He aquí, herencia de Jehová son los hijos.»
Dios forma un pueblo a partir de una familia imperfecta. Nadie es demasiado pequeño ni demasiado imperfecto para el plan de Dios: cada hijo de Jacob se convirtió en una tribu con una historia propia.