Tres meses después de salir de Egipto, Israel acampó ante el monte Sinaí. Entre truenos, humo y trompeta, Dios habló y entregó a Moisés dos tablas de piedra con diez mandamientos. Los primeros cuatro enseñan cómo relacionarnos con Dios: adorarle solo a Él, no hacer ídolos, honrar su nombre y guardar el día de reposo. Los otros seis enseñan cómo tratar a las personas: honrar a los padres, no matar, no cometer adulterio, no robar, no mentir y no codiciar. Jesús los resumió después en dos: amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a uno mismo.
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»
Las reglas de Dios no son para quitarnos la alegría, sino para protegernos y enseñarnos a amar bien.