Jesús sabía que iba a sufrir, pero no huyó, porque nos quiere mucho.
Unos hombres se lo llevaron y le hicieron daño. Le pusieron en una cruz.
Jesús no se enfadó con ellos. Dijo: «Padre, perdónalos».
Dio su vida por ti y por mí. Y tres días después, ¡volvió a estar vivo!
«Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo.»
La cruz no fue un accidente ni una derrota: fue amor decidido. Jesús dio su vida por nosotros porque quiso.