El Sermón del Monte (Mateo 5-7) es la enseñanza más famosa de Jesús. Empieza con las bienaventuranzas, que dan la vuelta a todo: felices los pobres en espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre de justicia, los misericordiosos, los de limpio corazón, los pacificadores, los perseguidos.
Llama a sus discípulos «sal de la tierra» y «luz del mundo»: influencia discreta pero real. Después profundiza en la ley: no basta con no matar, hay que no odiar; no basta con no robar, hay que amar incluso al enemigo.
Habla de hacer las cosas buenas sin presumir, enseña el Padrenuestro, avisa de que no se puede servir a Dios y a las riquezas y manda no vivir angustiados: «mirad las aves del cielo».
Termina con dos casas idénticas por fuera: una sobre la roca y otra sobre la arena. La diferencia no está en oír sus palabras, sino en ponerlas por obra. La gente «se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad».
«Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia.»
Jesús no solo enseñó cosas bonitas: enseñó una forma de vivir. Escucharle está bien; hacerle caso es construir sobre la roca.