Dios llamó a Jeremías cuando era muy joven. Él dijo: «Soy un niño, no sé hablar». Dios le contestó: «Yo estaré contigo».
Jeremías avisaba al pueblo, pero muchos se enfadaban. Una vez lo metieron en un pozo con barro y un hombre bueno lo sacó con cuerdas.
Lloraba mucho por su ciudad, por eso lo llaman el profeta que lloraba.
Pero también dio un mensaje precioso: «Yo tengo planes de paz para vosotros».
«Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de paz.»
Ser fiel no siempre es popular. Jeremías sufrió y lloró, pero no dejó de amar a su pueblo ni de anunciar esperanza en medio del desastre.