Jacob llegó a Harán y vio un pozo con tres rebaños esperando. Al aparecer Raquel con las ovejas de su padre, Jacob rodó la piedra del pozo, dio de beber al rebaño y lloró de emoción al reconocer a su familia.
Labán lo acogió y le preguntó qué salario quería. Jacob respondió: «Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor». Y aquellos años «le parecieron como pocos días, porque la amaba».
Llegada la boda, Labán entregó a Lea, la hija mayor. A la mañana siguiente Jacob descubrió el engaño: «¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué me has engañado?». El engañador fue engañado.
Labán le ofreció también a Raquel a cambio de otros siete años de trabajo. Jacob aceptó. Dios vio que Lea era menospreciada y le dio hijos. En veinte años, Jacob pasó de fugitivo a jefe de una gran familia y de grandes rebaños, porque Dios lo bendijo.
«El amor es sufrido, es benigno... todo lo soporta.»
Dios usa hasta las situaciones injustas para formar nuestro carácter. Jacob, que engañó, fue engañado; y aprendió paciencia, trabajo y fidelidad. El amor verdadero sabe esperar.