Eliseo era el ayudante del profeta Elías y lo seguía a todas partes.
Un día Elías le dijo: «Pídeme algo antes de irme». Eliseo contestó: «Quiero el doble de tu espíritu».
Entonces vino un carro de fuego y Elías subió al cielo. Su manto cayó al suelo y Eliseo lo recogió.
Con ese manto golpeó el río, que se abrió. Después hizo muchos milagros: sanó aguas, multiplicó aceite y ayudó a mucha gente.
«Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.»
Eliseo no quiso fama, quiso más de Dios. Y no soltó a su maestro hasta el final. La constancia y el hambre espiritual abren puertas grandes.