Había un hombre muy rico que comía cosas riquísimas todos los días.
En su puerta estaba Lázaro, un hombre pobre y enfermo que solo quería unas migajas.
El rico pasaba por delante y no le miraba nunca.
Jesús contó que un día todo cambió: Lázaro fue consolado por Dios. Jesús quiere que miremos y ayudemos a los que lo pasan mal.
«Tienen a Moisés y a los profetas; óiganlos.»
Dios ve a quien nosotros no miramos. Lo que hacemos con los que sufren a nuestro lado importa de verdad.