Un hijo le pidió a su papá todo su dinero y se fue muy lejos.
Se lo gastó todo y se quedó sin nada. Tenía tanta hambre que cuidaba cerdos.
Entonces pensó: «Voy a volver a casa con mi papá».
Su papá lo vio de lejos, ¡corrió a abrazarlo! Le puso ropa nueva y un anillo, e hizo una gran fiesta.
«Era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido.»
Por muy lejos que vayamos, el Padre siempre está mirando el camino. Volver a casa siempre es posible.