Dios llamó a Abram (el hebreo) a dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre para ir a un lugar que aún no conocía, con la promesa de convertirlo en una gran nación (o sea, que tendría muchos hijos). Abram partió de Ur de los Caldeos a los 75 años. Con el paso de los años seguía sin hijos. Un día Dios lo sacó de su tienda de noche y le dijo: «Cuenta las estrellas, así será tu descendencia». Abram creyó, y le fue contado por justicia. Dios cambió su nombre a Abraham, «padre de multitudes». Cuando él tenía cien años y Sara (antes Sarai) noventa, nació Isaac, cuyo nombre significa «risa».
«Mira ahora los cielos y cuenta las estrellas... así será tu descendencia.»
La fe es confiar en Dios incluso cuando no vemos el camino completo. Dios cumple sus promesas a su tiempo, no al nuestro.