La maldad había llenado la tierra, pero Noé era un hombre justo que caminaba con Dios. Dios le pidió construir un arca de madera con medidas exactas y meter en ella a su familia y a parejas de cada especie animal. Noé trabajó durante años entre burlas.
Llovió cuarenta días y cuarenta noches y las aguas cubrieron la tierra. Todo lo que había sobre la tierra desapareció.
Meses después el arca se detuvo en los montes de Ararat. Noé soltó una paloma que volvió con una hoja de olivo. Al salir, Noé adoró a Dios, y Dios estableció un pacto: nunca más destruiría la tierra con un diluvio, y puso el arcoíris como señal.
«Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto.»
Obedecer a Dios a veces parece raro para los demás, pero siempre trae bendición. El arcoíris nos recuerda que Dios cumple sus promesas ya que es una señal de pacto entre él y la humanidad.