Nehemías vivía en Persia y trabajaba como copero del rey Artajerjes. Un día, su hermano le contó que la gente en Jerusalén sufría mucho porque las murallas de la ciudad estaban destruidas y sus puertas quemadas, dejándolos desprotegidos.
Nehemías lloró, ayunó y oró a Dios. El rey vio su tristeza y le dio permiso y provisiones para ir a Jerusalén.
Al llegar, Nehemías examinó la ciudad de noche y motivó al pueblo diciendo: «¡Levantémonos y edifiquemos!». Cada familia asumió la tarea de reparar un tramo del muro.
Enemigos como Sanbalat y Tobías intentaron burlarse y detenerlos, pero el pueblo oraba y trabajaba sosteniendo la herramienta en una mano y las armas en la otra para defenderse.
Gracias a la ayuda de Dios y al esfuerzo del pueblo, terminaron la muralla en apenas 52 días.
«El Dios del cielo, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos.»
Cuando vemos un problema, podemos orar a Dios y pedirle ayuda para solucionarlo. Con trabajo en equipo, fe en Dios y perseverancia, podemos superar cualquier obstáculo y proteger lo que amamos.