El pueblo de Dios estaba triste porque trabajaba muy duro en Egipto. Dios llamó a Moisés (de la tribu de Leví) desde una zarza que ardía y le dijo: «Ve y saca a mi pueblo». Moisés no creía que podía hacerlo porque no se veía capaz. Pero aun así fue y consiguió que el pueblo fuera liberado. De pronto estaban encerrados. Delante estaba el mar y detrás venían los soldados. Moisés levantó su vara y ¡el mar se abrió! Todos pasaron por tierra seca y cantaron: «¡Gracias, Dios!».
«Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.»
Cuando parece que no hay salida, Dios abre camino. Nuestra parte es confiar y dar el siguiente paso.