Isaías era un profeta. Un día vio a Dios en su trono, muy grande y brillante, y a unos ángeles que cantaban: «Santo, santo, santo».
Isaías dijo: «Aquí estoy, envíame a mí».
Dios le dio un mensaje precioso para el pueblo: «Va a nacer un niño que será el Salvador. Se llamará Príncipe de Paz».
Muchos años después nació Jesús, tal como Isaías había dicho. ¡Dios siempre cumple!
«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado.»
Dios prepara sus promesas con mucha antelación y las cumple. Isaías respondió «heme aquí, envíame a mí»: una respuesta que Dios sigue buscando.