Débora era profetisa y juzgaba a Israel bajo una palmera entre Ramá y Bet-el. El pueblo llevaba veinte años oprimido por Jabín, rey de Canaán, y su general Sísara, con novecientos carros herrados.
Débora llamó a Barac: «¿No te lo ha mandado Jehová? Ve, junta diez mil hombres en el monte Tabor». Barac respondió: «Si tú fueres conmigo, yo iré». Ella aceptó, pero le advirtió que la gloria de la victoria sería para una mujer.
Dios desbarató al ejército de Sísara; el torrente de Cisón se desbordó y los carros quedaron inutilizados en el lodo. Sísara huyó a pie y murió en la tienda de Jael.
Débora y Barac cantaron un cántico que celebra la fidelidad de Dios y a los que se ofrecen voluntariamente. Tras aquella victoria la tierra reposó cuarenta años.
«¿No te lo ha mandado Jehová Dios de Israel?»
Dios llama tanto a hombres como a mujeres para servirle. Débora escuchaba a Dios, decía la verdad y animaba a otros a obedecer. La sabiduría vale más que la fuerza.